Por: Paulo Restrepo A.
La historia intelectual, académica y masónica de Colombia tiene en Mario Arango Jaramillo a uno de sus más valiosos protagonistas. Catedrático universitario durante cuarenta años, investigador de profundidad excepcional y autor de una veintena de libros publicados en Colombia, España y México, Arango ha dedicado su vida a estudiar, interpretar y rescatar la memoria histórica del país. Sin embargo, entre todas sus contribuciones, una obra destaca por su dimensión ética, documental y cultural: la reivindicación histórica de la masonería en Antioquia y la reconstrucción de su olvidada Gran Logia.
Un académico de talla continental
A lo largo de cuatro décadas de docencia universitaria, Mario Arango se consolidó como un referente obligado en temas económicos, sociales y biográficos, produciendo análisis de alto nivel sobre la Colombia histórica y contemporánea. Su obra intelectual se encuentra hoy en bibliotecas universitarias y centros de investigación, siendo material de estudio tanto para académicos como para estudiantes de diversas disciplinas.
En 1985 obtuvo, junto a Jorge Child, el Premio Nacional de Periodismo del Círculo de Periodistas de Bogotá, gracias a una investigación pionera sobre la historia del narcotráfico en Colombia. Publicada en crónicas por El Espectador, esta investigación se adelantó décadas a los grandes debates internacionales sobre este fenómeno, demostrando su rigor y capacidad analítica.
De igual manera, su obra “Comunicaciones y Correos en la Historia de Colombia y Antioquia”, realizada en colaboración con Juan Santamaría y Augusto Peinado, obtuvo la Gran Medalla Dorada en la Exposición Mundial Filatélica de Sevilla (España), uno de los mayores reconocimientos internacionales para trabajos históricos en ese campo.
Un masón con más de 50 años de trayectoria
Iniciado bajo la jurisdicción de la Gran Logia de Colombia, Mario Arango acumuló más de medio siglo de experiencia masónica. Su vida dentro de la Orden no fue pasiva ni ceremonial: por el contrario, dedicó una parte esencial de su existencia a investigar, documentar y restaurar la historia real —y durante años ocultada— de la masonería colombiana, y particularmente de la masonería antioqueña.
Hasta antes de sus investigaciones, la historia masónica en Antioquia estaba fragmentada, incompleta o deliberadamente omitida. Diversas circunstancias políticas, religiosas y sociales —incluidas persecuciones, campañas de desprestigio, episodios violentos y destrucción de archivos— habían borrado o distorsionado capítulos completos de la memoria fraternal del departamento.
Mario Arango se propuso revertir ese olvido. Y lo logró.
El historiador que reconstruyó una orden casi perdida
Sus investigaciones, avaladas por varias de las grandes logias históricas del país, lo llevaron a recorrer buena parte de Colombia buscando evidencias, documentos, testimonios y piezas que permitieran reconstruir el largo hilo de la masonería antioqueña. Con meticulosa paciencia, Arango fue catalogando archivos, recuperando actas, comparando fuentes y reconstruyendo genealogías masónicas que habían quedado enterradas —a veces literalmente— desde mediados del siglo XX.
La historia de la Gran Logia del Departamento de Antioquia, fundada en 1934, había sido particularmente golpeada por el tiempo y por la intervención de fuerzas externas. La violencia partidista, la dictadura militar, la persecución religiosa y la acción directa de la Gran Logia de Colombia habían llevado a que muchos masones antioqueños fueran empujados al exilio, a la clandestinidad o al silencio.
En 1948, tras el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, la actividad masónica nacional prácticamente colapsó. Los cuerpos masónicos de todo el país quedaron inactivos durante cerca de una década, y muchos archivos fueron destruidos, escondidos o desaparecidos. En Antioquia, parte de esta documentación fue enterrada para protegerla, aunque la humedad terminaría deteriorando buena parte de ella. Otros documentos, según diversas fuentes, habrían sido eliminados de manera sistemática.
Estas pérdidas hacían creer que la memoria masónica antioqueña había quedado irremediablemente mutilada.
Pero entonces apareció Mario Arango.
El rescatador de un legado: el renacimiento de la Gran Logia del Departamento de Antioquia
El trabajo investigativo de Mario Arango Jaramillo permitió demostrar que:
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La Gran Logia del Departamento de Antioquia existió con plena legitimidad desde 1934.
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Su actividad fue continua y estructurada hasta su debilitamiento forzado a partir de 1948.
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La persecución y la eliminación de archivos no borraron su legado histórico.
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La masonería antioqueña había sido injustamente invisibilizada en registros oficiales.
Fue a partir de estos hallazgos que Arango se convirtió en el gran impulsor del relanzamiento institucional de la Gran Logia del Departamento de Antioquia. Sus estudios, su compromiso y su liderazgo moral inspiraron a los hermanos antioqueños a reconstruir la Obediencia, levantando nuevamente sus columnas y restituyendo su lugar en la historia nacional.
Por esta razón, Arango es considerado hoy:
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El miembro más ilustre de la Gran Logia del Departamento de Antioquia.
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Gran Maestro Honorario, por su aporte único e irrepetible.
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El guardián y restaurador del patrimonio masónico antioqueño.
Un legado bibliográfico para la posteridad masónica
Fruto de su pasión por restituir la memoria y dignidad de los masones de Antioquia, Mario Arango publicó obras fundamentales, entre ellas:
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Masonería y Partido Liberal (2006)
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Masonería y el poder político en Colombia (2011).
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Libertad y Tolerancia: la masonería en los inicios de la República (1810–1960), (2009)
Estas obras se han convertido en referencia obligada para cualquier estudio serio sobre la masonería en Colombia a su vez que se han convertido en un compendio de rescate histórico que muestra como la masonería antioqueña intento ser disuelta, negándole a la región su derecho y aspiración legitima de contar con su propia Gran Logia tal como quedo establecido el 16 de diciembre de 1934.
Un hombre, una obra, una memoria restaurada
Sin la labor de Mario Arango Jaramillo, la historia masónica de Antioquia —y buena parte de la del país— seguiría oculta entre silencios, omisiones y distorsiones. Su trabajo no solo reconstruyó archivos; reconstruyó identidades, genealogías fraternales y el orgullo de una tradición que había sido injustamente marginada.
Hoy, la Gran Logia del Departamento de Antioquia, reconocida nacional e internacionalmente, es una institución soberana, seria, regular y respetada. Y lo es, en buena medida, gracias al impulso, la persistencia y la visión de un hombre que entendió que la historia no se guarda sola: hay que salvarla.
Mario Arango Jaramillo es, sin lugar a dudas, el gran reimpulsor de la masonería en Antioquia y Medellín. Un intelectual, un historiador, un masón y un ciudadano que dedicó su vida a la verdad, a la memoria y a la fraternidad.
Su legado se mantiene vivo. Y seguirá iluminando generaciones