Por Alejandro Medina

Durante mucho tiempo, hablar de Masonería en singular parecía suficiente. Se hablaba de la Masonería como si se tratara de una institución única, con una estructura común, una autoridad universal y una manera uniforme de entender sus principios.

La historia demuestra algo distinto.

Desde su consolidación como institución especulativa en el siglo XVIII, la Masonería fue desarrollando Grandes Logias, jurisdicciones, ritos, tradiciones y formas diferentes de interpretar determinados aspectos de la vida masónica. Algunas de esas diferencias fueron pequeñas y terminaron integrándose con el tiempo. Otras produjeron separaciones que todavía pueden reconocerse en el mapa masónico contemporáneo.

Por eso, cuando hoy se habla de Masonería regular, Masonería tradicional, Masonería anglosajona, Masonería liberal, Masonería cristiana o tradiciones de carácter egipcio, conviene hacerlo con cierta precisión. No todas esas expresiones pertenecen al mismo nivel de clasificación y, en algunos casos, una misma obediencia puede compartir características que aparecen en más de una categoría.

La imagen que sirve como punto de partida para este artículo resume precisamente esa diversidad. Su valor no está necesariamente en presentar una clasificación estadística del mundo masónico, sino en plantear una pregunta mucho más interesante:

¿Cuáles son los caminos históricos que han dado forma a la Masonería contemporánea y qué elementos permiten reconocer sus principales tradiciones?

Responderla exige mirar más allá de los nombres.

Una fraternidad internacional sin una autoridad mundial única

Una de las primeras cuestiones que debe comprenderse es que no existe una autoridad mundial que gobierne a todas las Grandes Logias masónicas.

La organización masónica se desarrolló fundamentalmente a través de Logias y Grandes Logias soberanas, que establecen sus propias constituciones, reglamentos, usos y relaciones exteriores. El historiador Andreas Önnerfors explica que, desde el siglo XVIII, la Masonería desarrolló estructuras organizativas que iban desde la Logia local hasta las Grandes Logias de ámbito territorial, encargadas también de regular sus relaciones con otras jurisdicciones.

Jan A. M. Snoek, en su estudio sobre las relaciones entre Grandes Logias, señala igualmente que no existe una organización superior que reúna a todas las Grandes Logias del mundo bajo una única autoridad. De ahí que las relaciones entre jurisdicciones dependan de decisiones tomadas por las propias Grandes Logias. En ese contexto aparecen dos conceptos que con frecuencia se utilizan como si fueran sinónimos, aunque no lo son: regularidad y reconocimiento.

Esta particularidad explica buena parte de la diversidad que puede observarse actualmente.

La Masonería no funciona como una Iglesia con una autoridad central. Tampoco existe un “Vaticano masónico” que determine de manera universal quién pertenece y quién no pertenece a la Masonería.

Hay, en cambio, una historia compartida, principios que distintas tradiciones consideran fundamentales y relaciones de reconocimiento entre jurisdicciones.

Ese detalle es esencial para comprender el panorama internacional.

1723: un momento decisivo

Para entender la Masonería moderna hay que detenerse en Londres y en un libro publicado en 1723: The Constitutions of the Free-Masons, compilado por el reverendo James Anderson.

La obra apareció pocos años después de la creación de la primera Gran Logia de Inglaterra, establecida en 1717. No era simplemente un reglamento administrativo. Contenía una historia legendaria de la Masonería, los antiguos cargos, las regulaciones de la nueva Gran Logia y otros materiales destinados a establecer una estructura común para la organización.

La importancia de las Constituciones de 1723 fue considerable.

La United Grand Lodge of England identifica en ellas principios asociados con la tolerancia religiosa, el mérito personal, la educación, la convivencia civil y el perfeccionamiento individual. También establecieron reglas de gobierno para las Logias y la Gran Logia, incluyendo elecciones, responsabilidad de los oficiales, votación mayoritaria y una estructura federal.

Su influencia se extendió rápidamente.

Se publicaron ediciones en Irlanda y los Países Bajos en 1730; Benjamin Franklin imprimió una edición en Filadelfia en 1734, y posteriormente aparecieron versiones en francés y alemán.

No significa que toda la Masonería existente en el mundo actual pueda reducirse literalmente a un único libro. Sería una simplificación histórica.

Sí significa que las Constituciones de 1723 constituyen uno de los documentos fundamentales para comprender la organización y los principios de buena parte de la Masonería moderna.

Y es precisamente aquí donde comienza a adquirir sentido la palabra tradición.

La tradición no consiste simplemente en conservar cosas antiguas

En ocasiones se utiliza la palabra “tradicional” de una manera demasiado amplia.

Cualquier organización puede llamarse tradicional porque conserva un determinado ritual, una vestimenta, una ceremonia o una costumbre. Pero históricamente el concepto de tradición masónica tiene un alcance mucho mayor.

Una tradición se reconoce por la continuidad de principios, prácticas, formas de gobierno, ritualidad y concepciones fundamentales que una institución procura transmitir de una generación a otra.

La tradición no implica necesariamente inmovilidad.

La propia historia de la Masonería demuestra que las instituciones masónicas han cambiado reglamentos, estructuras administrativas, formas de comunicación y numerosos aspectos externos sin abandonar necesariamente los principios que consideran esenciales.

Las Constituciones de 1723 son un buen ejemplo. Su publicación representó, según la propia investigación histórica difundida por UGLE, una transformación importante de la organización masónica y no simplemente una reproducción actualizada de los antiguos reglamentos de los masones operativos.

Por eso, cuando se habla de Masonería tradicional, resulta más útil preguntar qué principios y prácticas se conservan que limitarse a observar elementos exteriores.

Qué significa hablar de Masonería regular

Aquí aparece uno de los conceptos más importantes y, al mismo tiempo, más utilizados de manera imprecisa: regularidad masónica.

En el mundo masónico no existe una única definición que todas las organizaciones utilicen exactamente con las mismas palabras. Sin embargo, determinadas Grandes Logias han establecido criterios bastante concretos para determinar qué entienden por regularidad.

Uno de los documentos históricos más conocidos en este ámbito son los Basic Principles for Grand Lodge Recognition de la United Grand Lodge of England.

Entre los principios establecidos aparecen la regularidad de origen; la creencia en el Gran Arquitecto del Universo; la obligación del iniciado sobre el Volumen de la Ley Sagrada; la soberanía de la Gran Logia sobre la Masonería simbólica de su jurisdicción; la presencia de las Tres Grandes Luces; la prohibición de discutir política y religión dentro de la Logia y la observancia de los antiguos Landmarks, costumbres y usos de la Craft.

Estos elementos permiten entender por qué la expresión Masonería regular tradicional no debería utilizarse simplemente como una etiqueta.

Detrás de ella existe una concepción determinada de la institución masónica.

Se trata de una Masonería organizada alrededor de Grandes Logias soberanas, con una continuidad histórica y normativa, con una estructura definida de los grados simbólicos y con determinados principios que se consideran constitutivos de la tradición.

Los ocho principios y lo que realmente significan

Los criterios de UGLE permiten observar con mayor claridad qué elementos suelen encontrarse en esta concepción de regularidad.

El origen legítimo

La regularidad de origen significa que una Gran Logia debe haber sido establecida de una manera considerada legítima dentro de la tradición masónica correspondiente.

Los principios de UGLE señalan que una Gran Logia debe haber sido establecida legalmente por una Gran Logia reconocida o por tres o más Logias regularmente constituidas.

Este punto es particularmente importante porque demuestra que la regularidad no depende únicamente de lo que una organización declare sobre sí misma.

También tiene que ver con cómo nació institucionalmente.

La creencia en el Gran Arquitecto del Universo

Otro elemento central es la creencia en el Gran Arquitecto del Universo.

En la tradición representada por estos principios, la dimensión trascendente no constituye un elemento meramente decorativo. Forma parte de los requisitos de ingreso y de la concepción espiritual de la Masonería.

Esto tampoco significa que todos los masones deban pertenecer a la misma religión.

Precisamente una de las características históricas de la tradición iniciada en el siglo XVIII fue buscar un terreno común entre hombres de distintas confesiones, dejando las particularidades religiosas en el ámbito de la conciencia individual. Las propias Constituciones de 1723 vincularon Masonería y tolerancia religiosa de una manera novedosa para su época.

El Volumen de la Ley Sagrada

Los principios de reconocimiento establecen que el iniciado debe prestar su obligación sobre el Volumen de la Ley Sagrada.

El documento de UGLE explica que se entiende por ello la revelación que obliga a la conciencia del individuo que es iniciado.

La formulación es significativa porque permite distinguir entre una Masonería que considera indispensable una referencia religiosa y otras concepciones masónicas que han desarrollado una aproximación diferente a la cuestión de la trascendencia.

La soberanía de la Gran Logia

Otro principio fundamental es la autonomía de la Gran Logia sobre los grados simbólicos.

La autoridad sobre los grados de Aprendiz, Compañero y Maestro corresponde a la Gran Logia dentro de su jurisdicción, sin que un Supremo Consejo u otro cuerpo pueda ejercer sobre ellos una autoridad superior.

Este aspecto ayuda a comprender la diferencia entre la Masonería simbólica y los distintos sistemas de altos grados o cuerpos masónicos que pueden existir posteriormente.

Una cosa es gobernar la Masonería simbólica.

Otra es administrar un sistema de grados filosóficos o cuerpos complementarios.

Confundir ambas estructuras conduce fácilmente a errores.

Las Tres Grandes Luces

El Volumen de la Ley Sagrada, la Escuadra y el Compás ocupan un lugar central en la tradición descrita por los principios de reconocimiento.

No son simplemente elementos decorativos del templo.

Forman parte de la estructura simbólica mediante la cual se desarrolla el trabajo masónico.

La separación de las discusiones políticas y religiosas

Los principios de reconocimiento establecen que las discusiones sobre política y religión deben estar estrictamente prohibidas dentro de la Logia.

Esto no significa que el masón carezca de opiniones políticas o religiosas fuera del templo.

Significa que la Logia pretende constituirse en un espacio en el que esas diferencias no destruyan la fraternidad.

Es una distinción importante.

Los antiguos Landmarks, usos y costumbres

Finalmente aparece la referencia a los Ancient Landmarks, junto con las costumbres y usos de la Craft.

Aquí se encuentra una de las cuestiones más complejas de la tradición masónica, porque no existe una única lista universal de Landmarks aceptada literalmente por todas las jurisdicciones.

Sin embargo, la idea general de conservar determinados principios fundamentales constituye una de las bases de la concepción tradicional de la regularidad.

Regularidad y reconocimiento no son exactamente lo mismo

Este punto merece una sección propia porque probablemente sea uno de los conceptos que más confusión producen cuando se habla de Masonería internacional.

Regularidad y reconocimiento están relacionados, pero no son sinónimos.

Una Gran Logia puede establecer determinados criterios para considerar regular a otra jurisdicción y, posteriormente, decidir si mantiene o no relaciones de reconocimiento con ella.

La Commission on Information for Recognition, creada en 1951 como organismo de información para las Grandes Logias de la Conference of Grand Masters of Masons in North America, explica expresamente que su función es investigar y proporcionar información sobre regularidad. La propia Comisión aclara que no recomienda a las Grandes Logias qué deben reconocer: la decisión final corresponde a las Grandes Logias soberanas.

Por eso, la frase de la imagen según la cual “Regularidad es la práctica de los principios originarios. Reconocimiento es un acto diplomático” apunta hacia una distinción real, aunque conviene entenderla como una formulación sintética y no como una definición jurídica universal.

El reconocimiento tiene una dimensión práctica y diplomática evidente.

Determina, entre otras cosas, si los miembros de dos jurisdicciones pueden mantener determinadas relaciones masónicas, visitarse o trabajar conjuntamente.

La regularidad, en cambio, se refiere a los criterios mediante los cuales una jurisdicción es considerada conforme con determinados principios y formas de constitución.

La literatura académica también ha señalado esta diferencia. Snoek dedica precisamente un estudio a explicar por qué ambos conceptos suelen confundirse y cómo se relacionan dentro del sistema internacional de Grandes Logias.

Una Masonería regular no es simplemente una Masonería inglesa

Otra precisión resulta necesaria.

La expresión “Masonería anglosajona” puede ser útil para describir históricamente una familia de tradiciones, pero no debe utilizarse como sinónimo absoluto de “Masonería regular”.

La Masonería regular está presente en numerosos países y no pertenece exclusivamente a Inglaterra.

Lo que ocurre es que la tradición desarrollada alrededor de las Grandes Logias británicas, y especialmente la influencia histórica de las Constituciones de 1723 y de las prácticas de las Grandes Logias de las islas británicas, tuvo una enorme expansión internacional.

La propia UGLE señala que las Constituciones de 1723 influyeron en la expansión de la Masonería en Europa, América y otros territorios.

La expresión “tradición anglosajona” sirve, por tanto, para describir un origen y una familia histórica de prácticas.

Pero la Masonería regular contemporánea no puede reducirse geográficamente a Inglaterra, Escocia o Irlanda.

Y entonces, ¿dónde aparece la Masonería liberal?

La historia de la Masonería también produjo otra gran línea de desarrollo.

En Francia y posteriormente en otros países europeos y americanos aparecieron concepciones masónicas que otorgaron un peso creciente a la libertad absoluta de conciencia, al laicismo y a la autonomía frente a determinadas exigencias religiosas.

El Gran Oriente de Francia, por ejemplo, se identifica actualmente con una Masonería liberal y adogmática y declara entre sus principios la defensa de la libertad de conciencia y una concepción laica de la sociedad.

Esto no significa que pueda resumirse toda la Masonería liberal en una sola institución francesa.

Tampoco significa que todas las obediencias liberales sean idénticas.

Lo que existe es una familia de tradiciones que, históricamente, se fue diferenciando de la concepción regular angloamericana en cuestiones relacionadas con la religión, la organización, el acceso a la Masonería y la interpretación de determinados principios.

Ahí encontramos una de las diferencias fundamentales entre las grandes corrientes contemporáneas.

No se trata simplemente de que unas utilicen un ritual y otras otro.

Se trata, en algunos casos, de concepciones distintas sobre qué elementos son esenciales para definir la Masonería.

La Masonería cristiana: una dimensión particular

También existen tradiciones y sistemas masónicos que conceden una importancia específica al cristianismo.

En este punto conviene ser cuidadoso.

No toda Masonería cristiana constituye una “Gran corriente mundial” comparable en estructura a la Masonería regular o liberal. La expresión puede referirse a determinados ritos, grados, cuerpos masónicos o interpretaciones particulares de la tradición.

El cristianismo, además, está presente de diferentes maneras en la historia de la Masonería europea.

La propia investigación académica sobre la historia masónica identifica la relación entre Masonería, cristianismo, Ilustración y diferentes tradiciones religiosas como uno de los elementos necesarios para comprender su evolución.

Por eso resulta más exacto hablar de tradiciones masónicas de orientación cristiana que afirmar que existe una única Masonería cristiana mundial.

Las tradiciones egipcias y el universo de Memphis-Misraïm

Algo parecido sucede con las denominadas tradiciones egipcias.

La expresión suele asociarse especialmente con los sistemas rituales conocidos como Memphis, Misraïm y Memphis-Misraïm, desarrollados principalmente en Europa durante los siglos XVIII y XIX y posteriormente reorganizados en distintas jurisdicciones.

Aquí aparecen elementos de carácter simbólico, hermético y esotérico que los diferencian de la Masonería simbólica tradicional de las Grandes Logias.

Sin embargo, tampoco sería correcto afirmar que existe una única estructura mundial que represente a todas las organizaciones que utilizan referencias egipcias.

Como ocurre con otras expresiones masónicas, existen diferentes cuerpos, obediencias y líneas rituales.

Por eso, más que hablar de una quinta parte perfectamente separada del universo masónico, resulta más preciso hablar de tradiciones rituales de inspiración egipcia.

Cinco categorías pueden ayudar a entender; no necesariamente pueden encerrarlo todo

Aquí la imagen inicial adquiere su verdadero valor.

Sus cinco categorías —Masonería liberal, regular tradicional, regular anglosajona, cristiana y egipcia— pueden servir como una representación sencilla de algunas de las grandes familias de la Masonería contemporánea.

Pero las fronteras no son siempre rígidas.

Una tradición puede compartir elementos con otra.

Una obediencia puede trabajar con un determinado rito y, al mismo tiempo, pertenecer a una estructura de reconocimiento internacional.

Un rito puede tener una historia diferente de la Gran Logia que lo administra.

Una institución puede utilizar una determinada tradición ritual sin que eso determine por sí solo su situación internacional de reconocimiento.

Y una organización puede declararse “regular” sin que esa declaración sea aceptada por todas las jurisdicciones que utilizan criterios diferentes para determinar la regularidad.

La realidad masónica es, por tanto, más compleja que cualquier gráfico.

Pero eso no hace inútil el gráfico.

Al contrario.

Una buena representación gráfica puede despertar una pregunta que después debe responderse mediante historia y documentación.

Las cifras de la imagen deben leerse como representación, no como censo

La distribución porcentual presentada en la imagen —45 %, 30 %, 15 %, 8 % y 2 %— suma exactamente el 100 %.

Sin embargo, no existe una fuente institucional o académica internacional que permita presentar esas cifras como un censo mundial verificable de la Masonería.

Por esa razón, Masonería Global no las presenta como estadísticas demográficas.

Son útiles como recurso gráfico para representar una idea de diversidad y proporción, pero no deben confundirse con un estudio estadístico mundial.

Esta distinción es importante precisamente porque un portal especializado debe saber dónde termina la información documentada y dónde comienza una representación editorial.

La seriedad de una publicación no consiste en afirmar que todo lo que aparece en una imagen es una estadística oficial.

Consiste en saber explicar qué puede demostrarse y qué debe interpretarse como una representación.

La regularidad como continuidad institucional

Volvamos entonces a la cuestión central.

¿Qué hace que una tradición pueda ser reconocida como regular y tradicional?

No basta con utilizar el término.

Tampoco basta con emplear determinados símbolos.

Ni siquiera basta con practicar un ritual antiguo.

La regularidad tradicional se entiende mejor cuando se observan simultáneamente varios elementos: origen institucional, estructura de gobierno, soberanía territorial, concepción de la divinidad, uso del Volumen de la Ley Sagrada, organización de los grados simbólicos, continuidad de los usos y costumbres, Landmarks y relaciones con otras Grandes Logias.

Eso explica por qué el concepto tiene una dimensión histórica y no solamente ceremonial.

La tradición se transmite mediante instituciones.

Se conserva en documentos.

Se expresa en reglamentos.

Se practica en Logia.

Y se proyecta hacia otras jurisdicciones mediante relaciones de reconocimiento y fraternidad.

La Masonería también ha cambiado

Hablar de tradición no significa negar la evolución.

La historia de la Masonería ofrece suficientes ejemplos.

En 1751 apareció en Londres una Gran Logia rival que se presentó como la de los “Antients”, mientras que la primera Gran Logia pasó a ser conocida como la de los “Moderns”. Ambas desarrollaron diferencias de prácticas y coexistieron durante décadas. Finalmente, las dos estructuras se unieron en 1813 para constituir la United Grand Lodge of England.

Este episodio tiene una enseñanza que sigue siendo relevante.

La tradición masónica no ha sido una fotografía congelada desde 1717.

Ha sido una continuidad construida históricamente, con debates, diferencias, reformas, acuerdos y procesos de unificación.

Incluso dentro de la Masonería que hoy se considera regular han existido discusiones acerca de las prácticas que debían conservarse.

Por eso, la palabra tradición adquiere mayor significado cuando se estudia históricamente.

Una diferencia que no debe perderse: rito y obediencia

Otro error frecuente consiste en utilizar indistintamente las palabras rito, obediencia, Gran Logia y Masonería.

No son la misma cosa.

Una Gran Logia es una estructura de gobierno masónico.

Una Logia es una unidad local de trabajo.

Un rito es un sistema organizado de formas rituales y grados.

Una obediencia puede tener una determinada estructura administrativa y trabajar mediante uno o varios ritos.

Los grados simbólicos —Aprendiz, Compañero y Maestro— constituyen el núcleo de la Masonería de Craft descrita en las tradiciones de las Grandes Logias, mientras que posteriormente pueden existir otros sistemas de grados y cuerpos complementarios. La literatura académica sobre la organización masónica distingue precisamente entre la Logia, las Grandes Logias y los diferentes niveles de desarrollo ritual.

Comprender esta diferencia evita muchas de las confusiones que aparecen cuando se intenta construir un mapa mundial de la Masonería.

La diversidad no elimina la existencia de una tradición

Hay una paradoja interesante.

Cuanto más se estudia la Masonería internacional, más evidente resulta su diversidad.

Pero, al mismo tiempo, también se encuentran elementos de continuidad.

La Logia.

Los grados simbólicos.

El lenguaje de la fraternidad.

El uso de herramientas y símbolos constructivos.

La iniciación.

La transmisión ritual.

La importancia de la moral y del perfeccionamiento personal.

La organización mediante cuerpos masónicos.

La existencia de normas internas.

La preocupación por conservar una tradición.

La construcción de relaciones entre jurisdicciones.

Son elementos que aparecen, con diferentes interpretaciones, en buena parte de la historia masónica.

La diversidad, por tanto, no significa necesariamente ausencia de identidad.

Significa que una misma tradición histórica produjo distintas respuestas a determinadas preguntas.

El significado de la palabra “tradicional”

Tal vez aquí esté la clave para comprender toda la discusión.

Una Masonería tradicional no es tradicional simplemente porque utilice símbolos antiguos.

Es tradicional cuando reconoce una herencia que considera vinculante y procura transmitirla sin romper los principios que la definen.

En la tradición regular, esa continuidad está especialmente relacionada con la estructura de las Grandes Logias, los grados simbólicos, la creencia en el Gran Arquitecto del Universo, el Volumen de la Ley Sagrada, las Tres Grandes Luces, los Landmarks, los usos y costumbres y la autonomía de la Masonería simbólica.

Son elementos que aparecen de forma explícita en los criterios históricos de reconocimiento de UGLE.

Eso permite distinguir entre tradición y simple antigüedad.

Una práctica puede ser antigua y no ser necesariamente un Landmark.

Una ceremonia puede ser relativamente moderna y estar plenamente integrada en una tradición.

Una organización puede utilizar un nombre tradicional sin tener necesariamente el origen institucional que históricamente se exige para determinar la regularidad.

La historia, una vez más, obliga a mirar más allá de las etiquetas.

Una Masonería mundial, varias familias históricas

Vista desde una perspectiva internacional, la Masonería puede entenderse como un gran árbol.

Tiene raíces históricas comunes, pero con el paso de los siglos aparecieron ramas diferentes.

Algunas conservaron con especial fuerza la concepción teísta y la estructura de las Grandes Logias.

Otras desarrollaron una interpretación liberal y adogmática.

Otras profundizaron en determinadas tradiciones cristianas.

Otras desarrollaron sistemas rituales de carácter hermético y egipcio.

Y dentro de cada una de esas familias existen, a su vez, diferencias nacionales, rituales, administrativas e históricas.

La imagen que inspira este artículo simplifica esa realidad para hacerla visible.

La investigación permite darle profundidad.

La verdadera importancia de la regularidad

La regularidad no debería entenderse como una palabra utilizada para establecer superioridades personales entre masones.

Es, ante todo, un concepto institucional e histórico.

Determina la manera en que determinadas Grandes Logias entienden el origen legítimo de una jurisdicción, sus principios fundamentales, su estructura de autoridad y sus relaciones con otras Grandes Logias.

Por eso, cuando una Gran Logia habla de regularidad, está haciendo referencia a criterios que pueden ser examinados.

La Commission on Information for Recognition, por ejemplo, señala entre sus estándares la legitimidad de origen, la jurisdicción territorial y la adhesión a determinados Landmarks, incluida la creencia en Dios, el uso del Volumen de la Ley Sagrada y la prohibición de discusiones políticas y religiosas en Logia.

No se trata, entonces, de una palabra vacía.

Pero tampoco es una palabra cuyo significado pueda separarse de la jurisdicción que la utiliza y de los criterios mediante los cuales la aplica.

La tradición como responsabilidad

Hay otra dimensión que suele quedar fuera de las discusiones sobre regularidad.

Una tradición no se conserva solamente mediante documentos.

Se conserva mediante la conducta de quienes la reciben.

Las Constituciones de 1723 no fueron importantes únicamente porque establecieron reglas administrativas. También incorporaron una visión del perfeccionamiento personal, la educación, el mérito y la convivencia.

De poco serviría conservar cuidadosamente un ritual si desaparecieran los principios morales que justifican su existencia.

La tradición, en su sentido más profundo, implica responsabilidad.

Cada generación recibe una herencia y decide qué hará con ella.

Puede estudiarla.

Puede interpretarla.

Puede mejorar sus formas administrativas.

Puede adaptar aspectos secundarios a las circunstancias de su tiempo.

Pero si pretende seguir perteneciendo a una tradición determinada, debe reconocer aquello que esa tradición considera esencial.

El futuro de la Masonería pasa también por conocer su historia

La Masonería contemporánea enfrenta un mundo muy diferente del que conocieron los hombres que organizaron las primeras Grandes Logias.

La comunicación es instantánea.

Las fronteras culturales son menos rígidas.

Las nuevas generaciones tienen acceso a miles de documentos que antes estaban reservados a bibliotecas especializadas.

Y las diferencias entre obediencias pueden conocerse en cuestión de minutos.

En este escenario, la mejor defensa de cualquier tradición no es el desconocimiento de las demás.

Es el conocimiento de la propia.

Quien conoce la historia de las Constituciones de 1723 comprende mejor la Masonería moderna.

Quien conoce el desarrollo de las Grandes Logias entiende por qué existe el concepto de regularidad.

Quien estudia la historia de la Masonería francesa comprende mejor el nacimiento de la corriente liberal y adogmática.

Quien investiga los diferentes ritos comprende por qué rito y obediencia no son sinónimos.

Y quien estudia las relaciones internacionales entre Grandes Logias entiende por qué reconocimiento y regularidad no pueden utilizarse indistintamente.

Ese conocimiento permite hablar de Masonería sin necesidad de reducirla a consignas.

Una palabra final sobre la imagen

La imagen con la que comienza este artículo tiene una virtud sencilla: obliga a detenerse y preguntar.

“No existe una sola Masonería”.

La frase puede parecer evidente para quien conoce la historia masónica, pero todavía resulta desconocida para buena parte del público.

Existen diferentes tradiciones, obediencias, ritos, sistemas de reconocimiento y concepciones filosóficas.

Hay Masonería liberal.

Hay Masonería regular de tradición histórica.

Existen diferentes expresiones de la tradición anglosajona.

Existen corrientes de orientación cristiana.

Existen tradiciones rituales vinculadas con Memphis-Misraïm y otras formas de Masonería de carácter esotérico.

Pero detrás de esas diferencias existe una historia que merece ser estudiada con mayor seriedad.

Y dentro de esa historia, la Masonería regular y tradicional ocupa un lugar perfectamente identificable cuando se estudian sus criterios institucionales, su origen, sus principios y su continuidad histórica.

No hace falta convertir esa afirmación en una consigna.

Basta con acudir a los documentos.

Las Constituciones de 1723 están disponibles.

Los principios históricos de reconocimiento están publicados.

Los estudios académicos sobre regularidad y reconocimiento existen.

La historia de las Grandes Logias puede ser consultada.

Y las propias instituciones masónicas han conservado una parte considerable de sus archivos y documentos históricos.

La Masonería, como toda institución de larga duración, puede ser objeto de opiniones, interpretaciones y controversias. Pero hay una diferencia importante entre opinar sobre ella y estudiarla.

La investigación comienza cuando las etiquetas dejan paso a los documentos.

Y quizá esa sea la mejor manera de entender la diversidad masónica contemporánea: no como una colección de nombres enfrentados, sino como el resultado de tres siglos de historia, transmisión, evolución y distintas maneras de interpretar una misma herencia iniciática.

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